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I Loved It All




Angelo y Jeniffer Merendino 

Para toda esa gente hermosa que lucha y que no se separa de su esencia que se preocupa por hacer cálida, comprensiva, amorosa los días de las personas que lo rodean, siempre se marca una diferencia cuando no es tiempo de alargar y estirar los días, si no de mas bien hacer de esos días los mejores.

Como paciente oncológica, de hematología siempre estoy en la búsqueda de alternativas que hagan mayor la calidad de vida que llevo, creo que lo más justo es aprender a vivir y también a educar a las personas que están con nosotros todos quienes rodean, en mi caso, no crean que he sido tan fuerte… ha habido momentos donde siento mi lucha perdida, y esta lucha es mi oportunidad para respirar y apreciar todo cuando hacemos, por dejar siempre para generaciones futuras un poco de amor verdadero, ese amor que sentimos incondicional lejos de todo apego material y mundano, somos apáticos a lo espiritual a eso que nos eleva el espíritu. Aún no aprendemos como despegarnos, en si este es el trabajo del fotógrafo estadunidense Angelo Merendino vio a Jennifer, de inmediato tuvo la sensación de que ella era la elegida, la mujer con la que quería vivir por el resto de su vida. Un día se llenó de valor para declararle su amor y, para fortuna de él, también fue correspondido. Fue así como inició una historia de amor  y a los pocos meses contrajeron matrimonio. Pero 5 meses después de estar casados, Jennifer fue diagnosticada con cáncer de mama. Un momento en el que ambos se miraron a los ojos, el uno sostuvo las manos del otro y se dijeron: “Estamos juntos, vamos a estar bien.”









Algunas veces no hay elección y muchas veces por no hacer daño a quienes nos rodean uno se aleja de todo así piensas que no te extrañaran si llega la hora de la partida, no hablo de una manera negativa no, no siempre se pierde esta jugada de la vida, algunas veces y estoy rodeada de un montón de personas sobrevivientes nadie está preparado por muy contemporáneos y modernos que seamos a ver irse a quien uno ama así como para siempre, sabiendo que ya no es lo mismo que este en otro país, o en algún lugar remoto, sabemos que no podremos tomar un avión para ir a verle y que tal vez tampoco venga a visitarnos, porque entonces esos días sea uno, dos, años o vidas tratar de hacer lo más maravilloso por esas personas, por todas indiferentemente que hayan sido diagnosticadas con alguna enfermedad de la cual muchas veces los tratamientos son peor que la muerte.
A modo de reflexión solo es un grito, de protesta a ser más humanos. A estar y olvidar un poco el egoísmo,  porque no hacer feliz a quienes están cerca, nadie puede andar por la vida con un letrero que dice estoy triste, tengo cáncer, bla bla bla o andar tan pesimamente triste que se note por fuera, no no es justo, que para que se nos escuche y para que la gente tenga un poco de atención y de amabilidad tengamos que andar verdes de zombies ya sin retorno, no se crean eso es lo más triste de todo.
Siendo el segundo tipo más común en el mundo,  el cáncer de mama  es el más común entre las mujeres. A pesar de los avances médicos en el tratamiento de esta enfermedad terrible y despiadada.
Angelo, decidió retratar la pelea de su esposa durante los cinco años contra el cáncer, en los que valientemente y unidos por un gran amor, se enfrentaron a esta dura enfermedad. En un principio, las fotos sólo serían mostradas a la familia, pero antes de morir Jennifer le pidió a su esposo compartirlas. Es así como Angelo decidió publicar a través de facebook y la página “My Wife’s Fight With Breast Cancer”, las imágenes a blanco y negro de algunos de los momentos que vivió con el amor de su vida, para que las personas pudieran entender el dolor que aqueja a todos los que sufren esta dura enfermedad



 “Mis fotografías muestran la vida cotidiana. Ellas humanizan el rostro de cáncer, en la cara de mi esposa. Muestran el reto, la dificultad, el miedo, la tristeza y la soledad que enfrentamos, que Jennifer se enfrentó, mientras luchaba con esta enfermedad. Pero lo más importante de todo, mostrar nuestro amor. Estas fotografías no nos definen, sino que somos nosotros.” Dice Angelo…

Sin duda una historia de amor verdadero. Cumpliendo tal y como ambos lo prometieron al casarse, queriéndose y amándose en la salud o en la enfermedad. Ahí estuvo Angelo, para acompañar a su querida esposa. 




La primera vez que vi a Jennifer sabía. Yo sabía que ella era la elegida. Yo sabía, al igual que mi papá cuando contó a sus hermanas en el invierno de 1951 después de conocer a mi mamá por primera vez, “la encontré.”
Un mes más tarde Jen consiguió un trabajo en Manhattan y dejó Cleveland. Yo iría a la ciudad – a ver a mi hermano, pero realmente quería ver Jen. En cada visita mi corazón le gritaba a mi cerebro “, le digo!” Pero no podía reunir el valor para decirle a Jen que no podía vivir sin ella. Mi corazón finalmente se impuso y, como un chico de escuela, le dije a Jen “Estoy enamorado de ti.” Para el alivio de los latidos de mi corazón, los ojos hermosos de Jen se iluminaron y dijo: “¡Yo también!”






Seis meses más tarde, recogí mis pertenencias y viajé a Nueva York con un anillo de compromiso quemando un agujero en el bolsillo. Esa noche, en el restaurante italiano favorito, me puse de rodillas y le pedí a Jen que se casara conmigo. Menos de un año más tarde nos casamos en Central Park, rodeados de nuestros familiares y amigos. Más tarde esa noche, bailamos nuestro primer baile como marido y mujer, acompañado por mi padre y su acordeón – ♫”Estoy en el estado de ánimo para el amor … “♫
Cinco meses más tarde Jen fue diagnosticada con cáncer de mama. Recuerdo el momento exacto… La voz de Jen y la sensación de entumecimiento que me envolvía. Ese sentimiento nunca se ha ido. Nunca voy a olvidar cómo nos miramos a los ojos, el uno sostuvo las manos del otro. “Estamos juntos, vamos a estar bien.”
Con cada desafío que se acercaba. Las palabras se volvían menos importantes. Una noche Jen acababa de ser admitida en el hospital, el dolor estaba fuera de control. Ella me agarró del brazo, con los ojos llorosos: “Hay que mirarnos a los ojos, esa es la única manera que puedo manejar este dolor.” Nos amábamos con cada pedacito de nuestras almas.
Jen me enseñó a amar, a escuchar, a dar y creer en los demás y para mí. Nunca he sido tan feliz como lo fui durante este tiempo.
A lo largo de nuestra batalla, tuvimos la suerte de tener un fuerte grupo de apoyo, pero aún luchaba por conseguir que la gente entienda nuestro día a día la vida y las dificultades que enfrentamos. Jen tenía un dolor crónico de los efectos secundarios de casi 4 años de tratamiento y medicamentos. A los 39 años Jen comenzó a usar un caminador y estaba agotada de estar constantemente al tanto de todos los golpes y moretones. Estancias hospitalarias de más de 10 días no era raras. La frecuentes visitas al médico eran debido a batallas con las compañías de seguros. El miedo, la ansiedad y las preocupaciones eran constantes.


Lamentablemente, la mayoría de la gente no quiere escuchar estas realidades y en ciertos puntos sentimos nuestro apoyo desvaneciendo. Otros sobrevivientes de cáncer comparten esta pérdida. La gente asume que el tratamiento te hace mejor, que las cosas se hacen bien, que la vida vuelve a la “normalidad”. Sin embargo, no existe una persona normal con cáncer en la tierra. Los sobrevivientes de cáncer tienen que definir un nuevo sentido de la normalidad, con frecuencia diaria. ¿Y cómo pueden los demás a comprender lo que teníamos que vivir todos los días?





Mis fotografías muestran la vida cotidiana. Ellas humanizan el rostro de cáncer, en la cara de mi esposa. Muestran el reto, la dificultad, el miedo, la tristeza y la soledad que enfrentamos, que Jennifer se enfrentó, mientras luchaba con esta enfermedad. Pero lo más importante de todo, mostrar nuestro amor. Estas fotografías no nos definen, sino que somos nosotros.
El cáncer está en las noticias todos los días, y tal vez, a través de estas fotografías, la próxima vez que un paciente de cáncer se pregunte cómo él o ella está haciendo, junto con la escucha, la respuesta se reúna con más conocimiento, con empatía, comprensión y una preocupación más profunda y sincera.

 “Ama a cada trozo de las personas en tu vida.”
Jennifer Merendino







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