¿Cómo será el amor?

¿redondo o cuadrado?

¿largo o corto?

no conozco su dimensión

aún no veo el fin

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viernes, agosto 21, 2009

los 15 de Adda


Hoy es un día excepcional. El sol irradia alegría. Hoy como todos los días despierto y mi primer pensamiento es hacia ti… Que Dios te bendiga hija y te llene de salud y de buena vida, queriendo que el paso de los años mantenga a salvo la ilusión y esperanza que hoy sientes por la vida. Que los bellos sueños de en este momento se conviertan en realidad y que toda la dicha del mundo sea tuya.

Parte de mi y de infinito tus ojos… un par de estrellas de tan cerca vi , tus manos pequeñitas hace 15 años, parte de mi todo, la parte mas bonita, TU, soneto de haditas… grandiosa como el sol, clara como la luna, mi universo y mi todo sin nada mas, tu mi niña. Sin mas palabras que la satisfacción colosal de tenerlo todo para ser feliz, hoy me doy cuenta que lo tengo todo y tu eres parte indivisible, soy tan feliz, llegaste un lunes 22 de agosto, siempre puntual y de mañanita, tu tan linda, delicada y grande, tan perfecta como el sol en las albas, hoy sin mas que un abrazo, con todo el amor del mundo te quiero desear un Feliz Cumpleaños.

¿Fue en las islas de las rosas,
en el país de los sueños,
en donde hay niños risueños
y enjambre de mariposas?
Quizá.
En sus grutas doradas,
con sus diademas de oro,
allí estaban, como un coro
de reinas, todas las hadas.
Las que tienen prisioneros
a los silfos de la luz,
las que andan con un capuz
salpicado de luceros.
Las que mantos de escarlata
lucen con regio donaire,
y las que hienden el aire
con su varita de plata.
¿Era día o noche?
El astro
de la niebla sobre el tul,
florecía en campo azul
como un lirio de alabastro.
Su peplo de oro la incierta
alba ya había tendido.
Era la hora en que en su nido
toda alondra se despierta.
Temblaba el limpio cristal
del rocío de la noche,
y estaba entreabierto el broche
de la flor primaveral.
Y en aquella región que era
de la luz y la fortuna,
cantaban un himno, a una,
ave, aurora y primavera.
Las hadas ?aquella tropa
brillante?, Delia, que he dicho,
por un extraño capricho
fabricaron una copa.
Rara, bella, sin igual,
y tan pura como bella,
pues aún no ha bebido en ella
ninguna boca mortal.
De una azucena gentil
hicieron el cáliz leve,
que era de polvo de nieve
y palidez de marfil.
Y la base fue formada
con un trémulo suspiro,
de reflejos de zafiro
y de luz cristalizada.
La copa hecha se pensó
en qué se pondría en ella
(que es el todo, niña bella,
de lo que te cuento yo).
Una dijo: ?La ilusión;
otra dijo: ?La belleza;
otra dijo: ?La riqueza;
y otra más: ?El corazón.
La Reina Mab, que es discreta,
dijo a la espléndida tropa:
?Que se ponga en esa copa
la felicidad completa.
Y cuando habló Reina tal,
produjo aplausos y asombros.
Llevaba sobre sus hombros
su soberbio manto real.
Dejó caer la divina
Reina de acento sonoro,
algo como gotas de oro
de una flauta cristalina.
Ya la Reina Mab habló;
cesó su olímpico gesto,
y las hadas tanto han puesto
que la copa se llenó.
Amor, delicia, verdad,
dicha, esplendor y riqueza,
fe, poderío, belleza...
¡Toda la felicidad!...
Y esta copa se guardó
pura, sola, inmaculada.
¿Dónde?
En una isla ignorada.
¿De dónde?
¡Se me olvidó!...
¿Fue en las islas de las rosas,
en el país de los sueños,
en donde hay niños risueños
y enjambres de mariposas?
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Esto nada importa aquí,
pues por decirte escribía
que esta copa, niña mía,
la deseo para ti.

A mis hijos, Adda, Samuel y Cristiano

NINGÚN LUGAR ESTÁ LEJOS


Richard Bach



¡Rae! ¡Gracias por invitarme a tu fiesta de cumpleaños!

Tu casa está a miles de kilómetros de la mía, y viajo sólo si tengo una buena razón...
Una fiesta para Rae es la mejor razón y ansío estar contigo.
Inicié mi jornada en el corazón del colobrí al que tú y yo conocimos tiempo atrás. Fue tan cordial como siempre, pero cuando le dije que la pequeña Rae estaba creciendo y que yo iba a su fiesta de cumpleaños con un regalo, quedó perplejo.
Volamos largo rato en silencio; por fin él dijo: -Entiendo muy poco de lo que dices, pero lo que menos entiendo es que vayas a la fiesta.
-Por supuesto que voy a la fiesta -respondí-. ¿Acaso es tan difícil de entender?
Calló, y cuando llegamos al hogar del búho, dijo:
-¿Es que los kilómetros pueden separarnos verdaderamente de los amigos? Si quieres estar con Rae, ¿no estás ya allí?
-La pequeña Rae está creciendo y voy a su fiesta de cumpleaños con un regalo- dijo el búho.
Tuve una extraña sensación al decir voy de esa manera, después de hablar con el colibrí, pero lo dije así para que el búho comprendiese.
También él voló en silencio largo rato. Fue un silencio amistoso, pero cuando me depositaba a salvo en el hogar del águila, dijo:
-Entiendo muy poco de lo que dices, pero lo que menos entiendo es que llames pequeña a tu amiga.
-Por supuesto que es pequeña -respondí-, porque no ha crecido.
Acaso es tan difícil de entender?
El búho me miró con sus profundos ojos ambarinos, sonrió y me dijo:
-Piénsalo.
La pequeña Rae está creciendo y voy a su fiesta de cumpleaños con un regalo -dije al águila. Tuve una extraña sensación al decir voy y pequeña después de hablar con el colibrí y el búho, pero lo dije así para que el águila comprendiese.
Juntos volamos sobre las colinas, y remontamos los vientos montañeses.
Por fin dijo:
-Entiendo muy poco de lo que dices, pero lo que menos entiendo es esta palabra cumpleaños.
-Por supuesto, cumpleaños -respondí-. Vamos a celebrar la hora en que empezó Rae, y antes de la cual ella no era. ¿Acaso eso es tan difícil de entender?
El águila curvó sus alas diestramente y aterrizó con soltura, posándose en la arena del desierto.
-¿Un tiempo antes que empezara la vida de Rae? ¿No te parece más bien que es la vida de Rae la que empezó antes de que existiera el tiempo?
-La pequeña Rae está creciendo y voy a su fiesta de cumpleaños con un regalo -dije al halcón-. Tuve una extraña sensación al decir voy y pequeña ycumpleaños después de hablar con el colibrí y el búho y el águila, pero lo dije así para que el halcón comprendiese.
Debajo de nosotros, a lo lejos, se derramaba el desierto, y al final dijo:
-Mira, entiendo muy poco de lo que dices, pero lo que menos entiendo es crecer.
-Por supuesto, crecer -respondí-. Rae está más cerca de ser adulta, un año más lejos de ser una niña. ¿Acaso eso es tan difícil de entender?
El halcón aterrizó por fin en una playa desolada.
-¿Un año más lejos de ser una niña? ¡Eso suena como crecer!
Y elevándose en el aire, partió.
Yo sabía que la gaviota era muy sabia. Mientras volaba con ella pensé con sumo cuidado y elegí las palabras de modo que, cuando hablara, ella supiese que yo había estado aprendiendo.
-Gaviota -dije por fin-, ¿por qué vuelas conmigo a ver a Rae, cuando en verdad sabes que estoy con ella?
La gaviota descendió sobre el mar, sobre las colinas, sobre las calles, y suavemente aterrizó en su azotea.
-Porque lo importante -dijo-, es que tú sepas esa verdad. Hasta que la sepas, hasta que verdaderamente la comprendas, puedes mostrarla sólo de maneras más pequeñas, con la ayuda externa de máquinas, personas y aves.
-Pero recuerda -agregó-, que el ser desconocida no impide a la verdad ser verdadera.
Y partió.
Ahora es tiempo de abrir tu regalo. Los obsequios de latón y de vidrio se gastan en un día y desaparecen. Pero yo tengo un regalo mejor para ti.
Es un anillo para que lo uses. Centellea con una luz especial y nadie puede quitártelo; no se lo puede destruir. Eres la única en el mundo entero que puede ver el anillo que hoy te entrego, tal como yo fui el único que pude verlo cuando era mío.
Tu anillo te otorga un nuevo poder. Usándolo puedes elevarte en las alas de todas las aves que vuelan...
Puedes ver a través de los dorados ojos, puedes tocar el viento por entre sus aterciopeladas alas, puedes conocer el júbilo de llegar muy alto sobre el mundo y todas sus preocupaciones. Puedes permanecer cuanto quieras en el cielo, después de la noche, durante la salida del sol, y cuando tengas ganas de bajar otra vez, tus preguntas tendrán respuestas y tus angustias habrán desaparecido.
Como cualquier cosa que no se puede tocar con las manos ni ver con los ojos, tu regalo se torna más poderoso a medida que lo usas.
Al principio podrás usarlo solamente cuando estés al aire libre, observando al pájaro con el que vuelas.
Pero más tarde, si lo usas bien, funcionará con aves a las que no puedes ver, y al final comprobarás que no necesitas anillo ni pájaro para volar sola sobre el silencio de las nubes.
Y cuando ese día te llegue, debes dar tu regalo a alguien que sepas que lo usará bien, y que pueda aprender que las únicas cosas que importan son las que están hechas de verdad y alegría, y no de latón y vidrio.
Rae, esta es la última fiesta que celebraré contigo, después de haber aprendido lo que me enseñaron nuestros amigos, los pájaros.
No puedo ir a estar contigo porque ya estoy allí.
No eres pequeña porque ya has crecido, jugando entre los momentos de tu vida como lo hacemos todos, por la diversión de vivir.
No tienes cumpleaños porque siempre has vivido; jamás naciste y nunca morirás.
No eres la hija de las personas a quienes llamas madre y padre, sino su compañera de aventuras en una luminosa jornada para comprender las cosas que son.
Cada regalo de un amigo es un deseo de felicidad, como este anillo lo es para ti.
Vuela libre y dichosa más allá de los cumpleaños y a través de la eternidad, y nos encontraremos alguna que otra vez, cuando lo deseemos, en medio de la celebración que jamás puede terminar.

sábado, agosto 08, 2009

Sin titulos


Comenzar como un cuento de hadas, pensando en “y vivieron felices por siempre”, cada día podría ser el ultimo y todo lo quiero para ya, no para esperar mañana pues me darán con un martillo no quiero esperar mañana, insisto, ansío los días donde tengo un pequeño descanso, no un descanse en paz no estoy de acuerdo con morir así por nada, cuando te faltan muchos de los sueños por alcanzar, y no podrían darme como un premio nobel a la resistencia por algunas hazañitas que se le acumulan a uno por ahí, ya no pierdo mi tiempo con muchos ahora son pocos a los que le doy mi tiempo, mis palabras y pensamientos, a lo mejor soy la reina de los antisociales pero maniacodepresiva tiene cura, pues ya comencé a colocar espejos por toda la casa y ahora peinarme el cabello ya me gusta otra vez yo solo no me resisto a que la corriente del rio me lleve, y dejarme llevar, por eso esta guerra contra el mundo y contra todo lo que hace mal. Tal vez llámese infelicidad, tal vez piérdase de mi mundo, tal vez sea solo una etapa que estoy quemando, tal vez sea yo sola en mi extraño y único mundo, no es simple si no sería tan aburrido y común como todo lo demás a lo que no somos a fin. Y nadie entendería porque esta noche no puedo dormir, esta noche perfecta de lluvia torrencial, afuera, insisto.
por Anita.

martes, agosto 04, 2009

La escafandra y la mariposa


(título original en francés: Le Scaphandre et le Papillon) es una película dramática dirigida en el 2007 por el ex artista plástico, ahora realizador Julian Schnabel, a partir de un guión de Ronald Harwood basado en la novela autobiográfica del propio Jean-Dominique Bauby. Es una co-producción francesa y norteamericana, tiene 112 minutos de duración, pertenece a los estudios Pathé Films y fue estrenada en Francia el 23 de Mayo del 2007, y en los Estados Unidos el 30 de Noviembre del 2007 (limitado)




En 1995 a la edad de 43 años, Jean-Dominique Bauby, carismático redactor jefe de la revista francesa Elle, sufrió una embolia masiva. Salió del coma tres semanas más tarde y se descubre que es víctima del "síndrome de cautiverio "; está totalmente paralizado, no puede moverse, comer, hablar ni respirar sin asistencia. Su mente funciona con normalidad y sólo es capaz de comunicarse con el exterior mediante el parpadeo de su ojo izquierdo. Forzado a adaptarse a esta única perspectiva, Baudy crea un nuevo mundo a partir de las dos cosas sobre las que conserva el control: su imaginación y su memoria.
En un hospital de Berk-Sur-Mer, le enseñan un código usando las letras más comunes del alfabeto utilizando el parpadeo de su ojo izquierdo. Mediante este parpadeo, y con la ayuda de los doctores del hospital es capaz de deletrear letra a letra concienzudas palabras, frases y párrafos. Mediante este método es capaz de dictar una profunda aventura dentro del psique humano. Este método es capaz de abrir la prisión que resulta su cuerpo (la escafandra) permitiéndole planear sin límites el reino de la libertad (la mariposa).

Libro:

La escafandra y la mariposa
Jean-Dominique Bauby

El 9 de diciembre de 1995 un accidente cerebro-vascular sumió a Jean-Dominique Bauby en un coma profundo del que salió meses después con el cuerpo completamente paralizado, afectado del "síndrome de cautiverio" (una extraña dolencia que provoca una parálisis completa, un encierro en uno mismo, como dentro de una escafandra) pero con las facultades mentales intactas. Sólo podía abrir el ojo izquierdo y su única ventana al mundo era el parpadeo. Un guiño para decir "si", dos para decir "no". Podía oír, comprender, recordar, pero no hablar. Además de su párpado izquierdo también estaban intactas su imaginación y su memoria: la mariposa. Con su ojo componía palabras, frases y páginas enteras. De esta manera, paralizado en la cama o en la silla de ruedas, Bauby dejó constancia de su existencia y de sus reflexiones en esta breve pero intensa obra.

Julio Cortazar



Nació en Bruselas el 26 de Agosto de 1914, de padres argentinos. Llegó a la Argentina a los cuatro años. Paso la infancia en Bánfield, se graduó como maestro de escuela e inició estudios en la Universidad de Buenos Aires, los que debió abandonar por razones económicas. Trabajó en varios pueblos del interior del país. Enseño en la Universidad de Cuyo y renunció a su cargo por desavenencias con el peronismo. En 1951 se alejó de nuestro país y desde entonces trabajó como traductor independiente de la Unesco, en París, viajando constantemente dentro y fuera de Europa. En 1938 publicó, con el seudónimo Julio Denis, el librito de sonetos ("muy mallarmeanos", dijo después el mismo) Presencia. En 1949 aparece su obra dramática Los reyes. Apenas dos anos después, en 1951, publica Bestiario: ya surge el Cortázar deslumbrante por su fantasía y su revelación de mundos nuevos que irán enriqueciéndose en su obra futura: los inolvidables tomos de relatos, los libros que desbordan toda categoría genérica (poemas-cuentos-ensayos a la vez), las grandes novelas: Los premios (1960), Rayuela (1963), 62/Modelo para armar (1968), Libro de Manuel (1973). El refinamiento literario de Julio Cortázar, sus lecturas casi inabarcables, su incesante fervor por la causa social, hacen de él una figura de deslumbrante riqueza, constituída por pasiones a veces encontradas, pero siempre asumidas con él mismo, genuino ardor. Julio Cortazar murió en 1984 pero su paso por el mundo seguirá suscitando el fervor de quienes conocieron su vida y su obra.


LOS AMANTES

¿Quién los ve andar por la ciudad
si todos están ciegos ?
Ellos se toman de la mano: algo habla
entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges,
y arriba está la noche llena de ojos.

Son los amantes, su isla flota a la deriva
hacia muertes de césped, hacia puertos
que se abren entre sábanas.
Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada;
pero ellos ni siquiera saben
que mientras ruedan en su amarga arena
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.

Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.

Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces
cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita
y les impone los deberes cotidianos.

LA FOTO SALIÓ MOVIDA

Un cronopio va a abrir la puerta de calle, y al meter la mano en el bolsillo para sacar la llave lo que saca es una caja de fósforos, entonces este cronopio se aflige mucho y empieza a pensar que si en vez de la llave encuentra los fósforos, sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los fósforos están donde la llave, puede suceder que encuentre la billetera llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y la guía del teléfono llena de música, y el ropero lleno de abonados, y la cama llena de trajes, y los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías. Así es que este cronopio se aflige horriblemente y corre a mirarse al espejo, pero como el espejo esta algo ladeado lo que ve es el paragüero del zaguán, y sus presunciones se confirman y estalla en sollozos, cae de rodillas y junta sus manecitas no sabe para qué. Los famas vecinos acuden a consolarlo, y también las esperanzas, pero pasan horas antes de que el cronopio salga de su desesperación y acepte una taza de té, que mira y examina mucho antes de beber, no vaya a pasar que en vez de una taza de té sea un hormiguero o un libro de Samuel Smiles.

I




ESTRELLAS DE MAR

Las emociones que nos mueven y muchas veces nos unen, es el ensayo y error de lo que estamos hechos por dentro, yo experimento escribiendo, soñando volando algunas veces, queriendo convertir en musa descarada mis letras, tu alojándote en esponjas de colores fríos o a cualquier rincón con vida y de mi alma, mas que un experimento creo que es inevitable no adherirte, queremos renovar las palabras inventarnos significados únicos que jamás se pierdan, pues siempre queremos mas, mientras nos suspendemos en las alas moribundas, aun así siempre con fuerza para mas, y para todo lo que amamos. La pasión de las musas de la nada.

II


"Yo quisiera encontrarte
en las esponjas
En las esporas
En los bosques
En las mañanas de pereza crónica
En las palabras de más
Y en los azucareros.
tal vez me dejes ganar las peleas
acércate, quédate...
Desde el trecho abismo que nos separa
Espero terminen los días de lluvia.
Ir al encuentro detrás de la neblina
y me enseñes a sumar uno mas uno.”

III


Hizo mucho frío
Olvide tomar mi té
Recordé robarte las pestañas
En medio de la noche mientras
Cierras los ojos
Y te envuelves en sueños
Olvido todo,
olvide leer a Benedetti
Olvide cerrar la puerta,
recordé tu voz
Y Salí a buscarte
llegue aquí …
Al ciclo de leerte
Escribir
Soñar
Amar
Vivir en arco iris
De la felicidad a la locura
Del silencio a los gritos callados
A las noches de luna lluvia
Calma y espera.
mientras regresas.

Pablo Neruda


Obras

Crepusculario.
Veinte poemas de amor y una canción desesperada.
Tentativa del hombre infinito.
El habitante y su esperanza. Novela.
Residencia en la tierra (1925–1931).
España en el corazón.
Nuevo canto de amor a Stalingrado.
Tercera residencia (1935–1945).
Canto general.
Los versos del capitán.
Todo el amor.
Las uvas y el viento.
Odas elementales.
Nuevas odas elementales.
Tercer libro de las odas.
Estravagario.
Cien sonetos de amor.
Navegaciones y regresos.
Poesías: Las piedras de Chile.
Cantos ceremoniales.
Memorial de Isla Negra.
Arte de pájaros.
Fulgor y muerte de Joaquín Murieta. Bandido chileno ajusticiado en California el 23 de julio de 1853.
La Barcarola.
Las manos del día.
Fin del mundo.
Maremoto.
La espada encendida.
Discurso de Estocolmo.
Incitación al Nixonicidio y alabanza de la revolución chilena.
La rosa separada. Obra póstuma.
Libro de las preguntas.
Confieso que he vivido. Memorias.
Para nacer he nacido.
El río invisible.


TENGO MIEDO
Tengo miedo.
La tarde es gris y la tristeza
del cielo se abre como una boca de muerto.
Tiene mi corazón un llanto de princesa
olvidada en el fondo de un palacio desierto.
Tengo miedo. Y me siento tan cansado y pequeño
que reflejo la tarde sin meditar en ella.
(En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño
así como en el cielo no ha cabido una estrella.)
Sin embargo en mis ojos una pregunta existe
y hay un grito en mi boca que mi boca no grita.
No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste
abandonada en medio de la tierra infinita!
Se muere el universo, de una calma agonía
sin la fiesta del sol o el crepúsculo verde.
Agoniza Saturno como una pena mía,
la tierra es una fruta negra que el cielo muerde.
Y por la vastedad del vacío van ciegas
las nubes de la tarde, como barcas perdidas
que escondieran estrellas rotas en sus bodegas.
Y la muerte del mundo cae sobre mi vida



MARIPOSA DE OTOÑO
La mariposa volotea
y arde -con el sol- a veces.
Mancha volante y llamarada,
ahora se queda parada
sobre una hoja: que la mece.
Me decían: -No tienes nada.
No estás enfermo.
Te parece.
Yo tampoco decía nada.
Y pasó el tiempo de las mieses.
Hoy una mano de congoja
llena de otoño el horizonte.
Y hasta de mi alma caen hojas.
Me decían: -No tienes nada.
No estás enfermo.
Te parece. Era la hora de las espigas.
El sol, ahora, convalece.
Todo se va en la vida, amigos.
Se va o perece.
Se va la mano que te induce.
Se va o perece.
Se va la rosa que desates.
También la boca que te bese.
El agua, la sombra y el vaso.
Se va o perece.
Pasó la hora de las espigas.
El sol, ahora, convalece.
Su lengua tibia me rodea.
También me dice: -Te parece.
La mariposa volotea,
revolotea,
y desaparece.

Un poco Bizarro




Cuando era niña o sea en la época de los dinosaurios jajaja.


Aunque no lo crean todavía me acuerdo para algunas cosas tengo una memoria de elefante, bueno la historia es que cuando tenia unos 4 años aproximadamente al comenzar al ir al preescolar, mis padres me compraron el cuento de las Zapatillas Rojas, y aunque conocía de algunas letras y números y me diera por la pasión de dibujar la mayoría de mis cuentos eran en casettes y yo observaba las imágenes mientras me imaginaba todo lo demás mientras pasaba las ojeaba el libro, y la mayoría de mis cuentos no eran muy lindos que digamos desde mi punto de vista eran mas bien como historias de horror, Blanca Nieves a pesar de su belleza tenia que vivir en el bosque escondida (por culpa de un espejo mágico y la malvada de su madrastra) y de paso en la casa de unos enanos, era huérfana, cenicienta ni que decir, aparte de ser huérfana y de su madrastra tenia encima dos hermanastras… le iban agregando extras, y Pinocho viviendo dentro de una ballena porque no murió cuando la ballena lo tragó, me hacia llorar como sufrió el pobre, no eran personajes de los que estuviera orgullosa o con los cuales me identificara más bien me hacían sentir un poco tonta y sobre todo infeliz y culpable de mi vida perfecta, no tenia nada que ver con lo que ellos vivían, pobres todo lo malo les podía pasar.


Yo estaba muy interesada en saber la historia de las zapatillas rojas y busqué quien me leyera, luego tenia terror al libro, me aseguraba que quedara muy escondido a la hora de dormir, y como anécdota el día que me dieron mis útiles cuando pase al primer grado recuerdo que hice trampa me llevé otro libro uno de osos polares que no tenia nada que ver con mi cuento y que no tenia nombre, yo dije ese es mi cuento, para mi suerte nadie se dio cuenta que yo no me llevaba el mío, recuerdo mis días tristes en el preescolar y de cómo me había marcado aquella de niña y sus zapatillas por unos años lo bloquee ya que sufrí por ella tan al extremo que hasta hace unos días me entró la curiosidad y comencé a investigar sobre aquel cuento que ya ni siquiera recordaba, al menos no de manera consiente.

En esos días recuerdo que incluso pasé o copie en el limpio todo el libro para aprender esa fue una de las tareas que me asigno mi papá pero igual no lograba recordar ningún detalle, recuerdo que íbamos a una fiesta y mi padre llevo a mi hermana a comprar sus zapatos, su vestido por suerte era largo, porque mi papá le compró lo que ella quiso y de los que se enamoro, unos zapatos rojos de patente y con tacón medio y todo, ahhhhhhhhhhh nunca olvidaré los ojos de mi mamá, lo cierto es que los uso en la fiesta, los uso con todo, así no combinaran por suerte no le paso lo mismo del cuento pero yo siempre esperaba que algo extraño ocurriera.

También se hizo la película que esta basada en este cuento infantil un tanto macabro. Una chica pasa por delante del escaparate de una zapatería y se queda prendada de un hermoso par de zapatillas rojas. La chica es bastante pobre y como comprenderás el tener esas zapatillas de baile es un lujo que no puede permitirse ( además tampoco es que tenga ropa a juego para lucirlas precisamente). Pero su encabezonamiento es tan grande que termina consiguiéndolas ( en una de las versiones del cuento rompe el cristal y se las lleva a las bravas). En un principio es feliz como una perdiz. Se las pone y comienza a danzar de un lado para otro llena de alegría. Pero cuando ya comienza a cansarse y decide parar se da cuenta horrorizada de que no puede. Las zapatillas malditas la obligan a continuar danzando hora tras hora, más y más deprisa atravesando campos, caminos y ciudades. Sus hermosas zapatillas rojas sólo la permiten detenerse cuando cae al suelo muerta de agotamiento.

No conozco nada bien la filmografía de Michael Powell y Emeric Pressburger, pero para empezar a remediarlo ví hace unas semanas Las Zapatillas Rojas (1948).

Pressburger adaptó un cuento de Hans Christian Andersen para convertirlo –mano a mano con Michael Powell- en un film que es a la vez un sólido melodrama y un experimento visual y musical cuando menos interesante. Al parecer, en el cuento de Andersen una niña compra unas zapatillas de baile de color rojo que, una vez puestas, le hacen bailar y bailar sin parar, lo que al principio es estupendo, pero luego se da cuenta de que no puede detenerlas de ningún modo, y la niña acaba por morir exhausta (bastante cruel el Andersen, no?).

Para cerrar les dejo dos versiones del cuento para que no se queden con la curiosidad.
Las Zapatillas Rojas



Cuento de Hans Christian Andersen

Hace mucho, mucho tiempo, vivía una hermosa niña que se llamaba Karen. Su familia era muy pobre, así que no podía comprarle aquello que ella deseaba por encima de todas las cosas: unas zapatillas de baile de color rojo. Porque lo que más le gustaba a Karen era bailar, cosa que hacía continuamente. A menudo se imaginaba a sí misma como una estrella del baile, recibiendo felicitaciones y admiración de todo el mundo.

Al morir su madre, una acaudalada señora acogió a la niña y la cuidó como si fuera hija suya. Cuando llegó el momento de su puesta de largo, la llamó a su presencia: - Ve y cómprate calzado adecuado para la ocasión - Le dijo su benefactora alargándole el dinero. Pero Karen, desobedeciendo, y aprovechando que la vieja dama no veía muy bien, encargó a la zapatera un par de zapatos rojos de baile.

El día de la celebración, todo el mundo miraba los zapatos rojos de Karen. Incluso alguien hizo notar a la anciana mujer que no estaba bien visto que una muchachita empleara ese tono en el calzado. La mujer, enfadada con Karen por haber desobedecido, la reprendió allí mismo: - Eso es coquetería y vanidad, Karen, y ninguna de esas cualidades te ayudará nunca. Sin embargo, la niña aprovechaba cualquier ocasión para lucirlos.

La pobre señora murió al poco tiempo y se organizó el funeral. Como había sido una persona muy buena, llegó gente de todas partes para celebrar las exequias. Cuando Karen se vestía para acudir, vio los zapatos rojos con su charol brillando en la oscuridad. Sabía que no debía hacerlo, pero, sin pensárselo dos veces, cogió las zapatillas encantadas y metió dentro sus piececitos: -Estaré mucho más elegante delante de todo el mundo!- se dijo.


Al entrar en la iglesia, un viejo horrible y barbudo se dirigió a ella: -¡Qué bonitos zapatos rojos de baile! ¿Quieres que te los limpie?- le dijo. Karen pensó que así los zapatos brillarían más y no hizo caso de lo que la señora siempre le había recomendado sobre el recato en el vestir. El hombre miró fijamente las zapatillas, y con un susurro y un golpe en las suelas les ordenó: -¡Ajustaos bien cuando bailéis!


Al salir de la iglesia, ¡Cuál sería la sorpresa de Karen al sentir un cosquilleo en los pies! Las zapatillas rojas se pusieron a bailar como poseídas por su propia música. Las gentes del pueblo, extrañadas, vieron cómo Karen se alejaba bailando por las plazas y las calles, y luego por los caminos y cañadas, y al caer la noche, Karen seguía bailando por los prados y los pastos. Por más que lo intentara, no había forma de soltarse los zapatos: estaban soldados a sus pies, ¡y ya no había manera de saber qué era pie y qué era zapato!

Pasaron los días y Karen seguía bailando y bailando. ¡Estaba tan cansada...! y nunca se había sentido tan sola y triste. Lloraba y lloraba mientras bailaba, pensando en lo tonta y vanidosa que había sido, en lo ingrata que era su actitud hacia la buena señora y la gente del pueblo que la había ayudado tanto. - ¡No puedo más!- gimió desesperada -¡Tengo que quitarme estos zapatos aunque para ello sea necesario que me corten los pies!-

Karen se dirigió bailando hacia un pueblo cercano donde vivía un verdugo muy famoso por su pericia con el hacha. Cuando llegó, sin dejar de bailar y con lágrimas en los ojos gritó desde la puerta: -¡Sal! ¡Sal! No puedo entrar porque estoy bailando. -¿Es que no sabes quién soy? ¡Yo corto cabezas!, y ahora siento cómo mi hacha se estremece.- dijo el verdugo.

-¡No me cortes la cabeza -dijo Karen-, porque entonces no podré arrepentirme de mi vanidad! Pero por favor, córtame los pies con los zapatos rojos para que pueda dejar de bailar. Pero cuando la puerta se abrió, la sorpresa de Karen fue mayúscula. El terrible verdugo no era otro que el mendigo limpiabotas que había encantado sus zapatillas rojas.


-¡Qué bonitos zapatos rojos de baile!- exclamó -¡Seguro que se ajustan muy bien al bailar!- dijo guiñando un ojo a la pobre Karen -Déjame verlos más de cerca...-. Pero nada más tocar el mendigo los zapatos con sus dedos esqueléticos, las zapatillas rojas se detuvieron y Karen dejó de bailar. Aprendió la lección, las guardó en una urna de cristal y no pasó un solo día en el que no agradeciera que ya no tenía que seguir bailando dentro de sus zapatillas rojas.

FIN




LAS ZAPATILLAS ROJAS


Había una vez una pobre huerfanita que no tenía zapatos. Pero siempre recogía los trapos viejos que encontraba y, con el tiempo, se cosió un par de zapatillas rojas. Aunque eran muy toscas, a ella le gustaban. La hacían sentir rica a pesar de que se pasaba los días recogiendo algo que comer en los bosques llenos de espinos hasta bien entrado el anochecer.

Pero un día, mientras bajaba por el camino con sus andrajos y sus zapatillas rojas, un carruaje dorado se detuvo a su lado. La anciana que viajaba en su interior le dijo que se la iba a llevar a su casa y la trataría como si fuese su hijita. Así pues, la niña se fue a la casa de la acaudalada anciana y allí le lavaron y peinaron el cabello. Le proporcionaron una ropa interior de purísimo color blanco, un precioso vestido de lana, unas medías blancas y unos relucientes zapatos negros. Cuando la niña preguntó por su ropa y , sobre todo por sus zapatillas rojas, la anciana le contestó que la ropa estaba tan sucia y los viejos zapatos eran tan ridículos que los habían arrojado al fuego donde ardieron hasta convertirse en ceniza.

La niña se puso muy triste , pues, a pesar de la inmensa riqueza que la rodeaba, las humildes zapatillas rojas cosidas con sus propias manos le habían hecho experimentar su mayor felicidad. Ahora se veía obligada a permanecer sentada todo el rato, a caminar sin patinar y a no hablar a menos que le dirigieran la palabra, pero un secreto fuego ardía en su corazón y ella seguía echando de menos sus viejas zapatillas rojas por encima de cualquier otra cosa.


Cuando la niña alcanzó la edad suficiente para recibir la confirmación el día de los Santos Inocentes, la anciana la llevó a un viejo zapatero cojo para que le hiciera unos zapatos especiales para la ocasión. En el escaparate del zapatero había unos zapatos rojos hechos con cuero del mejor; eran tan bonitos que casi resplandecían. Así pues, aunque los zapatos no fueran apropiados para ir a la iglesia, la niña, que solo elegía siguiendo los deseos de su hambriento corazón escogió los zapatos rojos. La anciana tenia tan mala vista que no vio de que color eran los zapatos y, por consiguiente, pagó el precio. El zapatero le guiñó el ojo a la niña y envolvió los zapatos

Al día siguiente, los feligreses de la iglesia se quedaron asombrados al ver los pies de la niña. Los zapatos rojos brillaban como manzanas pulidas, como corazones, como ciruelas rojas. Todo el mundo los miraba; hasta los iconos de la pared, hasta las imágenes contemplaban los zapatos con expresión de reproche. Pero cuanto más los miraba la gente, tanto más le gustaban a la niña. Por consiguiente, cuando el sacerdote entonó los cánticos y cuando el coro lo acompañó y el órgano empezó a sonar, la niña pensó que no había nada más bonito que sus zapatos rojos. Para cuando terminó aquel día, alguien le había informado a la anciana acerca de los zapatos rojos de su protegida.

-!Jamás de los jamases vuelvas a ponerte esos zapatos rojos!- le dijo la anciana en tono amenazador. Pero al domingo siguiente la niña no pudo resistir la tentación de ponerse los zapatos rojos en lugar de los negros y se fue a la iglesia con la anciana como de costumbre.
A la entrada de la iglesia había un soldado con el brazo en cabestrillo.

Llevaba una chaquetilla y tenia la barba pelirroja. Hizo una reverencia y pidió permiso para quitar el polvo de los zapatos de la niña. La niña alargó el pie y el soldado dio unos golpecitos a las suelas de sus zapatos mientras entonaba una alegre cancioncilla que le hizo cosquillas en las plantas de los pies.

-No olvides quedarte para el baile- le dijo el soldado, guiñándole el ojo con una sonrisa. Todo el mundo volvió a mirar de soslayo los zapatos rojos de la niña. Pero a ella le gustaban tanto aquellos zapatos tan brillantes como el carmesí, tan brillantes como las frambuesas y las granadas, que apenas podía pensar en otra cosa y casi no prestó atención a la ceremonia religiosa. Tan ocupada estaba moviendo los pies hacia aquí y hacia allá y admirando sus zapatos rojos que se olvidó de cantar.
Cuando abandonó la iglesia en compañía de la anciana, el soldado herido le gritó
"¡Qué bonitos zapatos de baile!"
Sus palabras hicieron que la niña empezara inmediatamente a dar vueltas. En cuanto sus pies empezaron a moverse ya no pudieron detenerse y la niña bailó entre los arriates de flores y dobló la esquina de la iglesia como si hubiera perdido por completo el control de sí misma. Danzó una gavota y después una czarda y, finalmente, se alejó bailando un vals a través de los campos del otro lado. El cochero de la anciana saltó del carruaje y echó a correr tras ella, le dio alcance y la llevó de nuevo al coche, pero los pies de la niña calzados con los zapatos rojos seguían bailando en el aire como si estuvieran todavía en el suelo. La anciana y el cochero tiraron y forcejearon, tratando de quitarle los los zapatos rojos a la niña. Menudo espectáculo, ellos con los sombreros torcidos y la niña agitando las piernas, pero, al final, los pies de la niña se calmaron.

De regreso a casa, la anciana dejó los zapatos rojos en un estante muy alto y le ordenó a la niña no tocarlos nunca más. Pero la niña no podía evitar contemplarlos con anhelo. Para ella seguían siendo lo más bonito de la tierra.

Poco después quiso el destino que la anciana tuviera que guardar cama y, en cuanto los médicos se fueron, la niña entró sigilosamente en la habitación donde se guardaban los zapatos rojos. Los contempló allá arriba en lo alto del estante. Su mirada se hizo penetrante y se convirtió en un ardiente deseo que la indujo a tomar los zapatos del estante y a ponérselos, pensando que no había nada de malo en ello. Sin embargo, en cuanto los zapatos tocaron sus talones y los dedos de sus pies, la niña se sintió invadida por el por el impulso de bailar.

Cruzó la puerta bailando y bajó los peldaños, bailando primero una gavota, después una czarda y, finalmente un vals de atrevidas vueltas en rápida sucesión. La niña estaba en la gloria y no comprendió en qué apurada situación se encontraba hasta que quiso bailar hacia la izquierda y los zapatos se empeñaron en bailar directamente hacia la derecha. Cuando quería dar vueltas, los zapatos se empeñaban en bailar hacia delante. Y, mientras los zapatos bailaban con la niña, en lugar de ser la niña quien bailara con los zapatos, los zapatos la llevaron calle abajo, cruzando los campos llenos de barro hasta llegar al al bosque oscuro y sombrío.


Allí, apoyado contra un árbol, se encontraba el viejo soldado de la barba pelirroja con su chaquetilla y su brazo en cabestrillo. - Vaya, qué bonitos zapatos de baile- exclamó.
Asustada, la niña intentó quitarse los zapatos, pero el pie que mantenía apoyado en el suelo seguía bailando con entusiasmo y el que ella sostenía en la mano también tomaba parte en el baile. Así pues, la niña bailó y bailó sin cesar. Danzando subió las colina más altas, cruzó loa valles bajo la lluvia, la nieva y el sol. Bailó en la noche oscura y al amanecer y aún seguía bailando cuando anocheció. Pero no era un baile bonito. Era un baile terrible, pues no había descanso para ella.

Llegó bailando a un cementerio y allí un espantoso espíritu no le permitió entrar. El espíritu pronunció las siguientes palabras: -bailarás con tus zapatos rojos hasta que te conviertas en una aparición, en un fantasma, hasta que la piel te cuelgue de los huesos y hasta que no quede nada de ti más que unas entrañas que bailan. Bailarás de puerta en puerta por las aldeas y golpearás cada puerta tres veces y, cuando la gente mire, te verá y temerá sufrir tu mismo destino. Bailad, bailad, hermosos zapatos rojos, seguid bailando.


La niña pidió compasión, pero, antes de que pudiera seguir implorando piedad, los zapatos rojos se la llevaron. Bailó sobre los brezales y los ríos, siguió bailando sobre los setos vivos y siguió bailando y bailando hasta llegar a su hogar y allí vio que había gente llorando. La anciana que la había acogido en su casa había muerto. Pero ella siguió bailando porque no tenia más remedio que hacerlo. Profundamente agotada y horrorizada, llegó bailando a un bosque en el que vivía el verdugo de la ciudad. El hacha que había en la pared empezó a estremecerse en cuanto percibió la cercanía de la niña.

-!Por favor!- le suplicó la niña al verdugo al pasar bailando por delante de su puerta-. Por favor, córteme los zapatos para librarme de este horrible destino.

El verdugo cortó las correas de los zapatos rojos con el hacha. Pero los zapatos seguían en los pies. Entonces la niña le dijo al verdugo que su vida no valía nada y que, por favor, le cortara los pies. Y el verdugo le cortó los pies. Y los zapatos rojos con los pies adentro siguieron bailando a través del bosque, subieron a la colina y se perdieron de vista.
Otro final feliz de cuento.(ummm jajaja)

Francisco Luis Bernárdez



Poeta argentino nacido en Buenos Aires en 1900.Inició su carrera literaria en España y Portugal, países donde estuvo radicado por mucho tiempo. Tiene su obra una entonación lírica y romántica influida por los poetas místicos, pero conservando su propio estilo que siempre reflejó su criterio y su forma de enfocar la belleza de la vida. Fue miembro de la Academia Argentina de Letras. Entre sus obras más destacadas se cuentan: «El buque», «La ciudad sin Laura, «Poemas elementales» y «Poemas de carne» y hueso». Falleció en 1978.



SILENCIO
No digas nada, no preguntes nada.
Cuando quieras hablar, quédate mudo:
que un silencio sin fin sea tu escudo
y al mismo tiempo tu perfecta espada.
No llames si la puerta está cerrada,
no llores si el dolor es más agudo, n
o cantes si el camino es menos rudo,
no interrogues sino con la mirada.
Y en la calma profunda y transparente
que poco a poco y silenciosamente
inundará tu pecho de este modo,
sentirás el latido enamorado
con que tu corazón recuperado
te irá diciendo todo, todo, todo.


SONETO AUSENTE

El sentido del tiempo se me aclara desde
que te ha dejado y me has traído,
y el espacio también tiene sentido
desde que con sus lenguas nos separa.

El uno tiene ahora canto y cara
porque vive de habernos dividido,
y el otro no sería conocido
si no nos escondiera y alejara.

Desde que somos de la lejanía,
el espacio, que apenas existía,
existe por habernos separado.

Y el tiempo que discurre hacia la muerte
no existe por el tiempo que ha pasado
sino por el que falta para verte.

Jose Luis Hidalgo



Poeta, ensayista, pintor y grabador español nacido en Torres, Santander, en 1919.A pesar de su corta vida, está considerado como uno de los baluartes de la poesía existencial de la posguerra. A los dieciséis años empezó a escribir en El Impulsor y compartió sus preocupaciones literarias con José Hierro y otros destacados poetas con quienes brilló en la famosa "Quinta del 42". Después de obtener una mención honorífica por su libro «Raíz», hizo frecuentes viajes a Madrid para alternar en diversas tertulias poéticas.

En 1936 publicó «Pseudopoesías», a la que siguieron «Las luces asesinadas y otros poemas» en 1938 y «Mensaje hasta el aire» en 1938, libros de marcada tendencias surrealista. Lo mejor de su producción, «Los muertos», fue publicado después de su muerte acaecida a comienzos de 1947.

Este año se cumplen 60 de la muerte del poeta José Luis Hidalgo cuando contaba tan sólo 27 de edad. Se cumplen por tanto 60 años de la aparición de su último libro, el póstumo Los muertos, sin duda ninguna, uno de los más importantes y significativos de la posguerra española. Con tal motivo quiero hoy recordar al poeta y al magnífico libro que jamás llegó a ver impreso. En primer término está la memoria, esa consciente verbalización de nuestro tránsito, de nuestro discurrir vital por un tiempo que fluye acercándonos a un final inexorable y del que nada sabemos. Sin memoria no hay posibilidad alguna de iniciación a la muerte, y tampoco poesía. Poseer memoria es pensar en la muerte, y en consecuencia, nacer a la angustia vertiginosa de la existencia, a la razón de que se es para morir. Pues bien, planteadas las cosas en estos términos, creo que una de las mejores formas de acercarnos al Hidalgo de Los muertos, es hacerlo, al menos en lo que podríamos llamar un “primer plano” de lectura, teniendo muy en cuenta su conciencia extremada de que somos-para-la muerte, y por supuesto, teniendo también presente el profundo sufrimiento y las numerosas cuestiones que, ante perspectiva tan determinada y unívoca, debieron brotar a la vida en el interior del poeta.

NO
La noche te derriba para que yo te busque
como un loco en la sombra, en el sueño, en la muerte.
Arde mi corazón como pájaro solo.
Tu ausencia me destruye, la vida se ha cerrado.
Qué soledad, qué oscuro, qué luna seca arriba,
qué lejanos viajeros por ignorados cuerpos
preguntan por tu sangre, tus besos, tu latido,
tu inesperada ausencia en la noche creciente.
No te aprietan mis manos y mis ojos te ignoran.
Mis palabras buscándote, en pie, inútilmente.
La quieta noche en mí, horizontal y larga,
tendida como un río con las riberas solas.
Pero voy en tu busca, te arranco, te descuajo
de la sombra, del sueño; te clavo en mi recuerdo.
El silencio edifica tu verdad inexpresable.
El mundo se ha cerrado. Conmigo permaneces.