Un amor indeciso se ha acercado a mi puerta...

Y no pasa; y se queda frente a la puerta abierta.

yo le digo al amor:

- ¿Qué te trae a mi casa?

Y el amor no responde, no saluda, no pasa...

es un amor pequeño que perdió su camino:

Venía ya la noche... Y con la noche vino.


¡Qué amor tan pequeñito para andar con la sombra!...

¿Qué palabra no dice, qué nombre no me nombra?.

Y no sabe morir ni vivir: Y no sabe que el mañana es tan solo el hoy muerto...


El cadáver futuro de este hoy claro, de esta hora cierta...

Un amor indeciso se ha dormido a mi puerta...

Al mago de las puertas!

Ana Mendoza

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lunes, mayo 07, 2012

La poesía: una necesidad para la vida Acción Poética: el amor anda suelto por las calles





Propios y extraños han notado que la ciudad mexicana de Monterrey está plagada de bardas con mensajes y versos, firmadas por un movimiento que se hace llamar “Acción Poética”. Pero en realidad, pocos saben que esta declaración de amor urbana es la obra de un solo individuo: Armando Alanis, quien lleva 14 años ininterrumpidos asaltando las calles con poemas, esforzándose para que la capital regia sea un paisaje romántico, y para que los ciudadanos encuentren a su paso fugaces momentos de inspiración que despierten de nuevo su sensibilidad dormida.


Dicen y a veces se siente que el amor en los tiempos modernos vive una seria crisis… que le falta poesía a nuestra vida; que la vorágine de las grandes ciudades nos ha devorado el romanticismo. Pero para quienes viven en la ciudad mexicana de Monterrey, esto no es totalmente cierto, pues ellos conviven diariamente con la poesía.

Y no es una metáfora, ni hablamos del paisaje bañado por su famoso Cerro de la Silla. No. Literalmente hablando, hace 14 años que un movimiento poético ‘tomó las calles’ de la Sultana del Norte, y le ha dado “alas al amor”.


Este movimiento se llama “Acción Poética”, y Armando Alanis, es ni más ni menos que su fundador y su único ‘miembro activo’: él y sólo él, es el responsable de que, desde 1996 hasta la fecha, las calles, las avenidas y los callejones regiomontanos estén tapizados de frases de amor: frases que invocan su llegada o lloran su despedida. Quienes visitan Monterrey, no tardarán en notar que, cualquiera que sea su trayecto y cualquiera que sea el rumbo donde se muevan, la ciudad entera está positivamente infectada de bardas con “pequeños mensajes de amor”: frases cortas y precisas, escritas siempre con letras negras sobre un fondo blanco, simulando páginas blancas.


Nadie imaginaría que este paisaje urbano es la obra de un solo hombre, pero así es: hace casi 3 lustros que Armando Alanis se ha dedicado a pintar paredes olvidadas, para transformarlas en luminosos minutos poéticos que el transeúnte disfruta aún en sus momentos más ordinarios. Fugaces instantes de magia que se cuelan en el subconsciente de camino a la oficina, a la escuela, al supermercado… y a veces, quizá, de camino al encuentro con el ser amado.


“Estoy convencido de que si leyéramos más poesía, seríamos mejores personas, más amables, más humanos (…) por eso decidí tomar las calles, hacer que la gente tuviera este encuentro cotidiano que te sale al paso, llevarle la poesía a su vida (…) son mensajes cortos que puedes leer mientras caminas o si vas en coche a 100 km/h, no te quita tiempo, y en cambio, te da vida”


Cada domingo, desde que Armando Alanis tenía 26 años, ha salido puntualmente a las calles de Monterrey a “cazar bardas olvidadas”; a pelear por un espacio para la poesía en medio de ese estruendo publicitario que inunda las grandes urbes, y pintarlo con una frase que no vende nada, pero que obliga a quien lo lee a ponerse a pensar en lo que uno tiene, o en su defecto, en lo que a uno le falta… no afuera, sino adentro, en el corazón y en el alma:


“Me faltas y todo me sobra / Todo principia en tus labios / Sé que existo si me nombras / ¿Y si el adiós fuera el principio de un perpetuo comienzo? / Dile a un taxi que siga tus pensamientos / En la mañana, en la tarde, en la noche: el día es nuestro / Duermo poco, sueño mucho / El corazón es el lugar y el camino / Soy tu mirada que me observa / Volvió a ganar el amor”


Estas son algunas de las frases que Alanis ha escrito en las calles de Monterrey; sólo algunas, porque en estos 14 años de Acción Poética, ha pintado más de 5 mil paredes regiomontanas, con frases tanto suyas como de otros autores, y según dice, su estrategia sigue los mismos principios que los ardides publicitarios: a fuerza de repetición, busca “crear necesidades”; en otras palabras, que la gente precise de la poesía en su vida cotidiana. … Y algo ha logrado.


Licenciado en Administración, Armando en realidad ha sido siempre un poeta, tiene 15 libros publicados, algunos traducidos a otros idiomas. Y aunque más tarde estudió la Maestría en Artes, cuando su alma máter, -la Universidad Autónoma de Nuevo León- se decidió por fin a otorgarle un premio, no lo hizo por sus estudios, sino por su trayectoria en Acción Poética, un recorrido largo que puede leerse día a día en cualquier calle de la capital regia, y que ha acompañado a toda una generación.

“Uno de mis amigos me dijo un día que su hijo de 15 años lleva toda su vida leyendo las poesías de las bardas que pinto, que ha crecido con ellas… yo no había reflexionado en eso, pero es verdad, aunque yo no estoy muy seguro de los efectos que crean mis pintadas en la gente (…) yo lo que quiero es compartir, que la ciudad sea un romance para todos, es como en un diálogo: yo hago que la poesía hable, pero la respuesta es de cada uno”, dice Alanis en entrevista con Corresponsal de Paz.





Y ciertamente, sus efectos no son fácilmente medibles, porque en todo caso la transformación de quien lee a Acción Poética es interna, pero algunas cosas sí son evidentes: los políticos locales ahora le piden permiso o le avisan que van a “despintar” una de sus bardas para las campañas, la gente le escribe para ofrecerle frases o contarle de alguna pared libre, y, en una ciudad tan católica como Monterrey, hasta los sacerdotes hacen referencia a sus versos en los púlpitos, que ya es decir.

Y ciertamente, sus efectos no son fácilmente medibles, porque en todo caso la transformación de quien lee a Acción Poética es interna, pero algunas cosas sí son evidentes: los políticos locales ahora le piden permiso o le avisan que van a “despintar” una de sus bardas para las campañas, la gente le escribe para ofrecerle frases o contarle de alguna pared libre, y, en una ciudad tan católica como Monterrey, hasta los sacerdotes hacen referencia a sus versos en los púlpitos, que ya es decir.


Pero lo mejor de todo es quizá esa respuesta individual, personal y silenciosa de quien sonríe, recuerda o suspira cuando sus ojos se encuentran con una frase como: “Existo cuando pienso en ti” Y ciertamente, sus efectos no son fácilmente medibles, porque en todo caso la transformación de quien lee a Acción Poética es interna, pero algunas cosas sí son evidentes: los políticos locales ahora le piden permiso o le avisan que van a “despintar” una de sus bardas para las campañas, la gente le escribe para ofrecerle frases o contarle de alguna pared libre, y, en una ciudad tan católica como Monterrey, hasta los sacerdotes hacen referencia a sus versos en los púlpitos, que ya es decir.


Pero lo mejor de todo es quizá esa respuesta individual, personal y silenciosa de quien sonríe, recuerda o suspira cuando sus ojos se encuentran con una frase como: “Existo cuando pienso en ti”

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