Un amor indeciso se ha acercado a mi puerta...

Y no pasa; y se queda frente a la puerta abierta.

yo le digo al amor:

- ¿Qué te trae a mi casa?

Y el amor no responde, no saluda, no pasa...

es un amor pequeño que perdió su camino:

Venía ya la noche... Y con la noche vino.


¡Qué amor tan pequeñito para andar con la sombra!...

¿Qué palabra no dice, qué nombre no me nombra?.

Y no sabe morir ni vivir: Y no sabe que el mañana es tan solo el hoy muerto...


El cadáver futuro de este hoy claro, de esta hora cierta...

Un amor indeciso se ha dormido a mi puerta...

Al mago de las puertas!

Ana Mendoza

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lunes, junio 11, 2012

Entre él y yo Imaginario Tú, de tanto Extrañarte





Despiertan mis ojos
acechando los tuyos
 ya nada duerme
las puertas se abren,
las hojas toman
el crujiente color de la tarde
que espera, 
sin molestos retoques
sin harapos
más que la piel 
tu aliento otra vez
espantando todo cuervo, 
todo gato,
todo susto del medio día,
a media tarde,
a media noche,
todo a medias hecho trizas…

Trasteas y buscas
bajo cuáles sábanas,
las calles vacías
las ventanas a oscuras
las luces de mis ojos titilan
que malas costumbres decía mi abuela
la de los bares de hoy,
y las corridas reptiles
se humedecen
nuevamente mis labios
…comienzo….
 Sigilosa quedo,
tus manos y sus huellas.
sus huellas y la arena
Pareces una araña.
Que escala por mis piernas.
ebrio, húmedo respiras,
subes… por mas
a oscuras
en la escalera me detienes
donde siempre soy  tu piano.


Hablemos de transparencias
de la carne íntima,
del calor que inunda
las calles por la noche,
de la piel, del agua
la curva de las gotas,
del brillo cristalino y gris de la nubes
que se deslizan por las zanjas de las calles,
de una silla solitaria
y roja en un monte.
Yo la coloqué ahí para poder pensar.
La dejé como recordatorio.
para saber que tan importante
y frágil es el color del deseo.

Hablemos de colores intensos
de vivos movimientos como la sangre,
esa que me hace sentir al borde
 al más mínimo roce
de tu mirada clara,
caminemos apurados
a paso lento, rítmico,
 sobre chispas salpicados de agua de lluvia,
de agua de mar, de sudor y de piel,
 las gotas bajan
perfilando tu nariz
 mientras las nubes
oscurecen tus ojos transparentes.

Cae la noche bajo tu luz,
rojo, negro, gris,
una vez más me recordarás,
en una silla,
en algún rincón solitario,
saturado de colores y sombras,
la fragilidad se vuelve impetuosa,
no flaquea, se hace firme y se empina
me invita a la silla donde estas
y ya no hay color y nada alrededor,
solo luz que ofusca,
camino en puntas
y te miro frente a mí,
donde me recuerdas al pasar
como aquella tierna melodía.



 El desierto se deslava con esas tormentas
y en el aire a lo lejos brota
un perfume de polvo
Bebes colores con tu boca
y quizás olvido el color
y recuerdo tu boca cercana a la mía.


Tu boca me bebe
me absorbe y en un beso 
que no ha de terminar
para después del mas allá
me tienta de palabras inconclusas
te miro en  silencio
de flores a medio abril
mientras llueve fuera de tus brazos
a cantaros insistentes
que crecen y crecen
y se hacen ríos de ti y de mi,
esa misma torrencial incolora
que tiñe el aire de tu aroma
donde me detengo intentando
volver á tus ojos y ellos, ojos
vuelven a mí.



…porque las puertas de las separaciones no tienen marco
…Puesto que aprendo a sumar las divisiones 
y las puertas sin marco se desvelan

Entre mis  oídos vibra
 lo que no es silencio aún,
el rastro de los ríos cruzados
como piernas amantes
se traza en las hendiduras
del desierto de mi piel,
 y el látigo de la sangre es cielo manso. 

Ausencias y algo más
me llevan a buscar cual cazadora
un movimiento que te inmute,
espejismo de trasnochos,
horas pálidas, gritan el sabor, tu piel
que derroche tus miradas,
que descaro el de tus manos,
tu boca oscila y sospecha
estos amaneceres de soles 
entre el espacio y el mar
se revelan las olas rudas
y con ellas veo el contraste
de mis piernas largas y lentas atadas
que cubres de mi
el mar muestra insólitos tropiezos,
piedras erizadas 
arrecifes orgullosos,
la respiración se corta,
se escucha, irrumpe el silencio,
me incendia, de verde matiza mi mano… tu cabello,
no hay prisa en el ardor del alba.

Caes súbito, me desarmas de redes
como peces mordaces 
atrapados bajo el agua
conjuros burlados,
tú cabello se enreda más y más,
apresas mis dedos sin retorno,
molusco delirante
hallazgo que surco directo a tú mirada,
 recorro la planicie y ondas
mientras presto total atención a tus hombros,
 miniaturas cabalgantes hipan.
miro entre burbujas,
 impregnas mi tez de colores nítidos,
traspasando la contemplación final,
está paz de no querer nada más…
Lenta oscura me quedo,
hombre entre las rocas defines el amor
comparado a las gaviotas y el mar,
 de arenas, mareas, peces brillantes,
aturdida veo la orilla en el horizonte.

No quedan recuerdos, 
luces de neón,
abierto, cerrado...
Todo con un nombre soberbio,
aún esos transparentes espíritus,
ocultos del color, buscamos tonos para el amor,
lo combinamos con las pátinas de tierra húmeda
cuando tú mirada me descubre pérdida
que tonos más hermosos
esos que llevo encima por debajo de la ropa,
rozan con tú piel de caramelo,
mientras te envuelves de  infinito mar espumante,
inquietas mi sensatez,
cuando pintan sin querer
mi boca de rojo tú cuerpo
Tus palabras resbalan por mi cuello,
murmuran y respiran mi olor embebiéndolo todo,
absorbo hasta diluirte.

Con Andrés Orloswsky



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