Alerta estoy de ser
sonrisa.
AnaMendoza

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martes, marzo 31, 2015

Medias Caladas


José se fue
Y Ana llego a mi vida
De Jeans y medias caladas
Yo queriendo ser
Y los miedos
Y la vida
Y la muerte
Y el ron
El ser
Y el no ser
El estar
Y no estoy
Y vivo
Ella también
Y las medias caladas
Y ser niñita pa' usarlas
Tan mariquita yo?
Pero me muero de ganas
Sera que puedo?
Pues si!
Es una telaraña
Anita con su vida
Jessica Drew con su muerte
Anita con la muerte Alegre
A fin de cuentas
Las dos tejiendo 
Historias de las putas
Muertes

Yetzania Briceño

Lanzada



Mi caída sin fin a mi caída sin fin

en donde nadie me aguardó

pues al mirar quién me aguardaba

no vi otra cosa que a mí misma.


Alejandra Pizarnik

Rojo, Tres Colores


















(Trois couleurs: Rouge, Polonia – Francia – Suiza, 1994, 99 min.) Drama.

Valentina, una joven estudiante que se gana la vida como modelo, salva la vida de un perro atropellado por un auto. La búsqueda de su dueño la conduce a un juez jubilado que tiene una extraña obsesión: escuchar las conversaciones telefónicas de sus vecinos. Si antes el espionaje telefónico formaba parte de su trabajo, ahora se ha convertido en un vicio. A Valentina le desagrada la conducta del hombre, pero no puede evitar ir a verlo.


Intérpretes: Irène Jacob, Jean-Louis Trintignant, Jean Pierre Lorit. 

Premios:
º Premios Oscar: 3 nominaciones: Dirección, guion original y fotografía
º Premios Globos de Oro: nominada Mejor película extranjera
º Festival de Cannes: selección oficial a concurso


Tres colores: rojo (Krzysztof Kieslowski, 1994)

SINOPSIS Valentina, una joven estudiante que se gana la vida como modelo, salva la vida de un perro atropellado por un coche. La búsqueda de su dueño la conduce a un juez jubilado que tiene una extraña obsesión: escuchar las conversaciones telefónicas de sus vecinos. Si antes el espionaje telefónico formaba parte de su trabajo, ahora se ha convertido en un vicio. A Valentina le desagrada la conducta del hombre, pero no puede evitar ir a verlo. 


“La mirada lúcida de un juez que se juzga a sí mismo”, por Vivioleyendo.
Notable análisis de las obsesiones, la soledad, el desengaño, el azar, los juegos del destino, las ilusiones en sus distintas etapas (el inicio luminoso, los golpes que las hacen añicos, la amarga resignación a su pérdida y el nuevo despertar tras una larga aridez) y la juventud enfrentada cara a cara con la madurez. Gran parte del peso recae sobre un Jean-Louis Trintignant subyugante y soberbio, a quien Kieslowski concedió la oportunidad de brillar con el que muy posiblemente fuese el mejor papel que ha desempeñado. Tras haberlo seguido en películas rodadas unos treinta años antes, como la filosófica y reflexiva “Mi noche con Maud” y el precioso drama romántico “Un hombre y una mujer”, y confesarme una enamorada de este más que interesante y cautivador actor,vuelve a dar la talla en su interpretación de un intrigante e hipnótico “voyeur” a las puertas de la vejez.Por su parte, Valentine (Irène Jacob) aporta sus años jóvenes, su belleza y su frescura en confrontación y acusado contraste con la carga de los años y de las amarguras que pesan sobre el personaje de Trintignant, que le da la réplica apropiada para que ambos personajes se complementen como las dos partes de un todo complejo, turbador y catártico.



Los detalles como la costumbre de Valentine de jugar cada mañana una única partida en la máquina tragaperras representan un ritual que para ella posee una importancia que no tiene que ver con la ludopatía, sino con una especie de señal del destino. La ganancia o la pérdida no suponen para ella mero azar, sino que ocultan indicios de que la suerte flirtea para bien o para mal con su propia vida, y en cada partida perdida o ganada ella ve signos de que algo fundamental va a ocurrir o a cambiar.


Dichos detalles no resultan triviales, y la observadora cámara se ocupa de que no los pasemos por alto y los deja a nuestra interpretación.

La relación intergeneracional que se desarrolla coloca frente a frente a dos personas que se encuentran en distintos momentos del camino que es la vida. La joven estudiante y modelo con éxito profesional pero con una vida privada surcada de fantasmas familiares y vacío y decepción en el plano sentimental, dulce y deslumbrante y con muchos anhelos aún intactos. Y el casi anciano juez retirado, ermitaño y sumido en un retiro absoluto en el que no encuentra más aliciente que ser testigo subrepticio de las vidas ajenas que se desarrollan a su alrededor. Joven apasionamiento y madura experiencia se toman de la mano para forjar un nuevo camino de aprendizaje, aceptación, intercambio, liberación y ternura.


Hondo análisis sobre la fragilidad de los sueños y las quimeras, sobre lo quebradizo que es el mundo que construimos en torno a nosotros bajo las premisas de la ceguera, la vanidad y la soberbia que nos impiden prepararnos para la caída, y sobre la suerte y las casualidades que tienen a bien jugar con nosotros.


Nada hay seguro. Todo para llegar a la conclusión de que somos piezas en el gran tablero de este universo fascinante, en el que todo se renueva y se repite cíclicamente: las alegrías, los triunfos, las tristezas, las tragedias, las desilusiones, los errores y los fracasos.

Blanco, Tres Colores


















(Trois couleurs: Blanc, Polonia – Francia – Suiza, 1994, 92 min.) Comedia/Comedia.

Karol ama profundamente a Dominique, pero ella lo abandona debido a que él sufre un problema de impotencia. Entonces decide volver, con su amigo Nikolai, a su Polonia natal. Allí emprende con éxito un negocio y, aunque sigue enamorado de Dominique, planea vengarse de ella.

Intérpretes: Zbigniew Zamachowski, Julie Delpy, Janusz Gajos.

Premio:

º Festival de Berlín: Oso de Plata, Mejor director.


El Tribunal estaba reunido, los jueces, los abogados de Dominique (Julie Delpy), sólo faltaba Karol Karol (Zbigniew Zamachowski). Llega demorado por las dificultades que le presenta el idioma francés siendo él, polaco. El motivo convocante, Dominique exige el divorcio ya que su matrimonio no fue consumado. Por su parte, Karol Karol intenta defenderse, y sobre todo defender su amor por Dominique en un idioma polaco que no es entendido en Francia.


En pocas palabras, Karol Karol es impotente, y no acepta el “no te amo ” de Dominique.


El dolor y la conciencia de la humillación se conjugan potenciando la necesidad de recuperar el amor de Dominique. A la humillación provocada por el estado de conocimiento público sobre la impotencia y cierta sensación de desigualdad frente a la ley por no saber hablar francés para defenderse, se le va sumando la obsesión de poseer, recuperar a Dominique.


Cuánto más se obsesiona, más negación recibe por parte de Dominique. Surgen reacciones como la amenaza con denunciarlo ante la policía francesa, pierde el pasaporte y también Karol Karol pierde la posibilidad de extraer dinero de su cuenta bancaria. Karol Karol, se encuentra sólo en Francia, no sabe cómo volver a su Polonia.


En una estación de subte, la No-Fortuna deviene en la Fortuna de ser descubierto por un polaco, mientras Karol Karol, silba una canción polaca folclórica. Mijail, el polaco, automáticamente le pregunta por su nacionalidad, confirmando su intuición.


Será una valija y un acuerdo entre ellos lo que facilitará, no sin peripecias, a Karol Karol, volver a su Polonia. Pero antes de irse roba la escultura del rostro de una mujer, muy muy bella. Karol Karol, asocia su belleza con la belleza de Dominique.


Ya en Polonia, es robado, golpeado y maltrado por sus propios compatriotas, también arrojan como una piedra inservible la escultura del rostro de mujer.


El tema sin duda de la película no es uno sólo, pero si ordenamos un poco, resalta, el cuestionamiento de la Igualdad y hasta dónde o cómo vive cada uno el dolor, las desigualdades y la humillación.


Podemos o no identificarnos con todos los personajes en determinados momentos, esa es una de las extremas bellezas de la película.

Azul, Tres Colores














 (Trois couleurs: Bleu, Francia – Polonia – Suiza, 1993, 98 min.) Drama.

En un accidente de auto, Julie pierde a su marido Patrice, un prestigioso compositor, y a su hija Anna. Al recuperarse de sus lesiones, decide comenzar una nueva vida, independiente, solitaria y anónima, alejada de los privilegios que antes disfrutaba. Olivier, el ayudante de Patrice, intenta sacarla de su aislamiento.Él está enamorado de ella desde hace muchos años y acaba convenciéndola para que termine el «Concierto para Europa», una ambiciosa obra inacabada de Patrice.

Intérpretes: Juliette Binoche, Benoît Régent, Florence Pernel.

Premios

º Festival de Venecia: León de Oro, Mejor película, actriz (Juliette Binoche) y fotografía

º Premios Globos de Oro: 3 nominaciones, incluyendo Mejor película extranjera



Es una cinta que en mi opinión es una excelente película en todos los sentidos; tanto de trama, de historia, de guión, cinematográfico, etc.


La historia es muy conmovedora, pero es realista, un poco seca y ácida pero en general es una trama para tomarla en cuenta en todas las etapas que nos va mostrando. La protagonista es una mujer (Julie) que sufre la pérdida de sus seres más queridos (su esposo Patrice y su hija Anna), aparte de su madre que padecía de Alzheimer, que por cierto a la cual mantenía económicamente pero visitaba muy pocas veces ya que su madre la confundía constantemente por la enfermedad que padecía.


Ella decide deshacerse de todo lo que poseía y solo conservar una lámpara de cristales que contenían 3 tonos del color azul, propiedad de su pequeña hija y mudarse lejos de aquella mansión que poseía su esposo un reconocido compositor de música, quien también falleció en el terrible accidente automovilístico que sufrieron y del cual ella en un principio prefería haberse muerto.


Ella decide cerrar ese capitulo de su vida tan doloroso y comenzar de la manera más sencilla y contemplando las cosas que a veces denominamos como las más insignificantes, fue poco a poco asimilando y dejando atrás su pasado.


La música juega un papel muy importante en la cinta, porque nos podemos percatar que cuando ella cierra los ojos, la música viene inmediatamente a ella, debido a que ella realmente era la que poseía el maravilloso don de crear notas musicales. Dentro de su nueva vida constantemente se cruza Olivier, quien era ayudante de Patrice y quien todo el tiempo estuvo enamorado de Julie, el personaje juega un buen papel debido a que el es uno de los elementos fundamentales para que Julie decida terminar la obra maestra (el concierto para Europa) el cual había comenzado Patrice.


Hay una escena particularmente en la película que denota continuidad y la cual llamó mucho mi atención; La toma de cuando la protagonista nada en la alberca.

En mi opinión los tres colores azul pasó a ser una de mis películas favoritas, debido a la fotografía que maneja, las tomas, los personajes la música de sinfonía y la actuación de la protagonista.

La trilogía de colores de Krzysztof Kieslowski



Una aproximación posmoderna

El diseño literario de la Trilogía de colores relata las casualidades, las historias inesperadas, la búsqueda de algo que se ha perdido. Es el comienzo de unas situaciones líquidas en donde el amor es su principal protagonista, y de esta manera, los objetos, los lugares, las situaciones afectivas, los encuentros y los desencuentros son las variables más constantes de este tríptico. Son los signos básicos de una sociedad que demanda respuestas y, según la narrativa kieslowskiana, su posible interpretación se encuentra en el escenario de las casualidades: el azar mismo. Pero, además, es la clara desazón social de un conflicto bipolar tan nefasto que arrojó las más notables incertidumbres políticas y culturales. Este desmoronamiento del orden racional, será la profunda carga simbólica que desarrolla en imágenes en movimiento esta narrativa, cuyo círculo estético señala los afectos y los desafectos de la vida amorosa de sus personajes. 

En esa medida, Kieslowski nos retrata el vacío, la soledad y el desengaño, la compleja condición humana envuelta en las más sutiles pasiones, en donde se plantea una clara contradicción entre el desorden amoroso, la ley y el orden social: “Normalmente vivimos en el orden de la ley, incluso cuando tenemos el fantasma de abolirla. Sólo vemos un más allá de ley en la trasgresión o la suspensión de lo prohibido” (Baudrillard, 1981, p. 125). 

Azul (Bleu, 1993) es la primera película que inicia la trilogía; el desprendimiento afectivo, el hilo conductor de esta historia. La muerte y la vida es para Kieslowski el dilema narrativo; finalidad y comienzo es la travesía narrativa que inicia esta primera historia de la trilogía. Entonces, después del Muro de Berlín ¿qué? La escena en la que una mujer camina por la calles rozando su puño contra un muro es signo del odio que dejaría esa división ideológica, que afectaría de igual manera todos los afectos. Este pasaje es una metáfora política enmarcada posiblemente en lo que Bauman llama “la modernidad líquida”: La disolución de los sólidos es el rasgo permanente de la modernidad, ha adquirido por tanto un nuevo significado, y sobre todo ha sido redirigida hacia un nuevo blanco: uno de los efectos más importantes de ese cambio de dirección ha sido la disolución de las fuerzas que podrían mantener el tema del orden y del sistema dentro de la agenda política anteriormente enunciada (Bauman, 2006, p. 11). Un componente político de Azul es la ruptura con el orden, vivir sin ataduras. La historia narra cómo Julie (Juliette Binoche) sufre un accidente automovilístico donde mueren su hija y el esposo, un famoso compositor y autor de una sinfonía inconclusa, cuyo tema es la Unión Europea. El dilema que enfrenta Julie es el rompimiento total con su pasado, o bien iniciar su vida; el desprendimiento de borrar todo lazo afectivo que la ate al pasado y dar comienzo a un nuevo camino hacia la libertad. Sin embargo, Julie circula por los caminos oscuros y recónditos del alma, del perdón, del odio, de la soledad, el remordimiento y el desamor. 

El color Azul es la representación simbólica de la incertidumbre que impregna toda la película. Kieslowski sabe muy bien que todo lo que nace tiene que morir. El morir y el nacer, dos metáforas que contienen el gran significado que dejaría la caída del Muro de Berlín. En Azul, Kieslowski se pregunta: ¿Quién posee realmente la libertad? Si bien unas de las características de Azul es el desprendimiento, en Blanco es la penuria de mantener el establecimiento amoroso. La historia narra las artima- ñas que Karol (Zbigniew Zamachowski ) se inventa para volver a rescatar el amor de su esposa Dominique (Julie Delpy). 

El amor en este drama “es anhelo de querer y preservar el objeto querido” (Bauman, 2007, p. 25). El miedo a la soledad, el desamor, la decepción, y sobre todo el deseo y la seducción, son los conductores de esta historia: “¿Qué hay más seductor que el desafío? Desafío o seducción, es siempre enloquecer al otro” (Baudrillard, 1981, p. 79). 

En esta segunda narrativa el Muro de Berlín es, sin duda, algo del pasado, un fantasma. Ya no predomina el viejo orden ni mucho menos la justicia, todo es posible, todo se compra —hasta los muertos, los funcionarios públicos—, todo tiene un valor de uso, un precio, todo empieza a develarse. Por otro lado, la metáfora de lo frío —la película se desarrolla en invierno— prevalece en los fondos fotográficos, pero contrasta bellamente con el género del melodrama y el humor fino. La pregunta que nos introduce en Blanco (Igualdad, 1994), es ¿Por qué tratamos de buscar la felicidad? En Blanco como en Azul no hay respuestas, sólo incertidumbres. Tal vez el desencanto que deja la caída del Muro de Berlín y el miedo a perder el objeto amoroso, son, tal vez, unos de los dilemas referidos en este film. Rojo (Rouge, Fraternidad, 1994) es un recorrido psicológico por la soledad. La imagen introductoria de este último capítulo de la trilogía, es muy diciente: un recorrido de un cable de color rojo por el mar que culmina en un teléfono. Ya no hay muros que separen las fronteras territoriales, hay cables electrónicos comunicativos que distribuyen soledades y desamores. Estar con el “otro” virtualmente, es la clara demostración de la más profunda soledad. 

En Tres colores: Rojo, los aparatos telefónicos de vienen mucho más que simples instrumentos de comunicación interpersonal. A fuerza de repetición, con multi-tud de escenas en las que los protagonistas hablan, llaman o no contestan al telé- fono, ese adminículo toma una dimensión que supera su esencia física meramente operativa. Por un lado, se convierte en testimonio de una cierta virtualidad en las relaciones humanas contemporáneas… y por el otro, refleja paradójicamente la dificultad de comunicación en nuestra sociedad, ausencia de interlocutores, contestadores automáticos, llamadas imposibles por estar la línea ocupada (Montalt, 2003, p. 39). 

Rojo cuenta la historia de tres personajes que en narrativas temporales distintas pero en el mismo lugar geográfico, Ginebra, sufren el más profundo desamor. Valentina (Irène Jacob), una joven estudiante que se gana la vida como modelo para la promoción de chicles, siempre sola y a la espera de una llamada de su amante, Joseph Kern, un juez jubilado (Jean-Louis Trintignant) que tiene como obsesión espiar a los vecinos y conocer su vida privada, y un futuro abogado (Jean Pierre Lori) cuyo objetivo es ganar su examen para culminar sus estudios de Derecho. Tres destinos que tienen un encuentro en común: la desilusión, la soledad y el desamor. Son los puntos de ruptura de unas relaciones recíprocas, profundamente idealizadas, en donde “el amor está siempre al borde de la derrota” (Bauman, 2007, p. 23). Los films de Kieslowski no son grandes anatemas ideológicos, son situaciones cotidianas que cuestionan el imperio de la objetividad racional, un universo de pequeños ambientes que contrastan con situaciones humanas y sociales. De esta manera, la estética narrativa kieslowskiana, en este tríptico, transcurre en imágenes donde las contradicciones sentimentales son el lugar inesperado para la modernidad política. Son las cosas simples, las que permean el universo humano. 

La Trilogía de colores es una poesía amorosa en donde las situaciones cotidianas se articulan, se repiten y a la vez se retroalimentan. Pero, además, diseña una cartografía donde se revelan la fragilidad de los vínculos humanos en medio de las incertidumbres políticas. En definitiva, La trilogía de Kieslowski reivindica al ser humano como fundamento de la sociedad y, por ende, de cualquier acción política. Por ello, apela a la riqueza y a las limitaciones de la condición humana, que el amor permite comprender y reconocer, al tiempo que rechaza la sumisión del individuo a cualquier sistema de valores, aunque se trate de los pilares de la democracia por la que han empezado a andar los países del antiguo Este (Montalt, 2003, p. 26). Dos metáforas visualmente narrativas: la muerte y la recuperación de la sinfonía a la Unión Europea. La puesta en escena está determinada en un contexto político de profunda desolación, y así adquiere un gran significado estético y político, por un lado; y por otro, el optimismo de un director que en su narrativa plantea un profundo desencanto en medio de un modelo social y una cultura política que estuvo dominada por el profundo dogmatismo ideológico. Esta bitácora de historias aparentemente desligadas tienen un lugar común, la sensación de sus personajes de estar viviendo otras sensibilidades cotidianas a través de situaciones insospechadas, donde el azar es el conector. Kieslowski establece una nueva relación de equilibrio emocional de sus personajes estructurando un reconocimiento en el marco de las diferencias, como lo narra en las escenas donde Olivier Benoit (Benoît Régent), el asesor de su esposo, le declara su amor a Julie y la escena que narra la sorpresa que ésta se lleva cuando por medio de una foto privada de su esposo, se da cuenta de que tiene una amante. Situaciones dicotómicas de la cotidianidad de los sentimientos, donde el amor y las cosas simples serian signos de una sociedad en crisis. Contextos donde todo lo sólido también se desvanece en el cine; la modernidad es “la imposibilidad de mantenerse en un punto fijo. Ser moderno significa estar en movimiento” (Bauman, 2001, p. 92). De la Trilogía de colores, tal vez Blanco es la película más personal de Kieslowski. Su historia se desarrolla en la ciudad que lo vio crecer, Varsovia. En Blanco no es un accidente lo que determina la ruptura amorosa, es la justicia. Dominique (Julie Delpy) decide frente a los tribunales separarse de su esposo Karol (Zbigniew Zamachowski). Motivo: no lo ama más. Karol no comprende esta determinación e insiste en la reconciliación, y ella decide denunciarlo ante las autoridades policivas. Decepcionado y sin dinero, decide volver a su natal Varsovia donde trabajaba como peluquero. Su llegada no es la más usual; se introduce, con ayuda de un conocido de nacionalidad polaca, en su maleta, y llega como polizón. La maleta es robada y termina en manos de unos delincuentes que al encontrar únicamente a Karol, deciden golpearlo. Herido, llega a su casa, donde es reconocido por su hermano. Sin duda, ya es otra Polonia, el Muro de Berlín y el control comunista de Estado son cosa del pasado; ya todo es posible. En medio de esta historia de desamor y desolación política Karol insiste recuperar el amor obsesivo que tiene.

En Blanco el “amor significa abrirle la puerta a ese destino, a la más sublime de las condiciones humanas, en la que el miedo se funde con el gozo en una aleación indisoluble, cuyos elementos ya no pueden separarse” (Bauman, 2007, p. 21). Rojo, la última serie de este tríptico, es el punto de encuentro de las dos historias anteriores. Los personajes que viven el drama del amor y el desamor de nuevo se encuentran en medio de fatídico accidente. Con la habilidad recursiva de los tiempos literarios, Kieslowki cruza las tres historias. Una Valentine (Irene Jacob) estudiante que trabaja como modelo para promocionar chicles; dos, la historia de un juez jubilado, Joseph Kern (Jean-Louis Trintignant), cuyo hobby es espiar por vía telefónica a sus vecinos; tres, un joven, Auguste Bruner (Jean-Pierre Lorit), estudiante de Derecho a la espera de su prueba final para terminar sus estudios y ser un destacado juez. La conexión de las tres historias: Valentine atropella un perro pastor alemán que le despierta la solidaridad afectiva de curarlo, cuyo due- ño es el juez jubilado. Valentine y Kern establecen un vínculo narrativo y ambos terminan conectando las historias de su vida privada. El joven juez sufre una decepción amorosa, su novia lo engaña. La historia del joven juez fue la historia de un desamor de juventud que tuvo el juez Kern. Kieslowski acude a estas historias cotidianas para tratar de explicar lo establecido, y lo sólido puede sufrir traspiés con el más sutil detalle subjetivo. Un juez pensionado después de muchos años de dictaminar justicia, se pone en el lugar del delincuente cuando decide él mismo delatarse. Un futuro juez que padece una decepción amorosa en medio de grandes éxitos, y una soledad amorosa que permite que las tres historias se crucen.

...una puerta a la creación


Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré de mi mundo. Me adapto a mí misma.
Mi mundo


Anais Nin