OFICIO PURO
Cómo
camina una mujer que recién ha hecho el amor
En qué piensa una mujer que recién ha hecho el amor
Cómo ve el rostro de los demás y los demás cómo ven el rostro de ella
De qué color es la piel de una mujer que recién ha hecho el amor
De qué modo se sienta una mujer que recién ha hecho el amor
Saludará a sus amistades
Pensará que en otros países está nevando
Encenderá y consumirá un cigarrillo
Desnuda en el baño dará vuelta
a la llave del agua fría o del agua caliente
Dará vuelta a las dos a la vez
Cómo se arrodilla una mujer que recién ha hecho el amor
Soñará que la felicidad es un viaje por barco
Regresará a la niñez o más allá de la niñez
Cruzará ríos montañas llanuras noches domésticas
Dormirá con el sol sobre los ojos
Amanecerá triste alegre vertiginosa
Bello cuerpo de mujer
que no fue dócil ni amable ni sabio
Víctor Valera Mora
Té de
manzanilla. (Al "Chino" Valera Mora)
Mi amigo,
el chino,
escribió una vez sobre cómo se sientan
y caminan
las mujeres después de hacer el amor.
No llegamos a discutir el punto
porque murió como un gafo,
víctima de un ataque cardíaco curado con té de manzanilla.
De haberlo hecho,
le habría dicho que lo único bueno de hacer el amor
son los hombres que eyaculan
sin rencores
sin temores.
Y que después de hacerlo,
nadie tiene ganas
de sentarse
o de caminar.
Le puse su nombre a una vieja palmera africana
sembrada junto a la piscina de mi apartamento.
Cada vez que me tomo un trago,
y lo saludo,
echa una terrible sacudida de hojas,
señal de que está enfurecido.
Me dijo una vez:
La vida de uno es una inmensa alegría
o una inmensa arrechera.
Soy fiel a los sueños de mi infancia.
Creo en lo que hago,
en lo que hacen mis amigos,
y en lo que hace toda la gente que se parece a uno.
A veces nos quedamos solos
hasta muy tarde,
hablando de los gusanos que lo acosan
y del terrible calor que le entra todos los días
en esa arena y resequedad.
No ha cambiado de parecer:
un hambriento,
un desposeído,
puede sentarse y hacer amistad con Mallarmé.
Lautréamont nos acompañó una noche
y le dio la razón al chino:
la poesía debe ser hecha por todos.
Y llegaron los otros:
Rubén Darío mandando en Nicaragua,
Omar Khayyam con sus festejos,
Paul Eluard uniendo parejas de amantes.
Entre todos,
sumergimos al chino en la piscina, bajo la luna llena,
y se puso contento
como cuando tenía un río,
unos pájaros,
un volantín.
Ahora está arrecho otra vez,
porque le llevan flores
mientras trata de espantar a las cucarachas.
Quería que lo enterraran en Helsinki,
bajo nieves eternas.
Le dio la vuelta al mundo,
pasando por Londres donde una mujer lo esperaba,
y a su regreso,
tomó un té de manzanilla.
Él,
que amaba tanto las sombras,
ya no pudo trasnocharse.
Lúcido y muy hipócrita,
tenía un miedo terrible a morirse en una cama.
Sé,
porque me lo escribió en un papelito,
que la frase que más le gustaba era de David Cooper:
la cama es el laboratorio del sueño y del amor.
Miyó
Vestrini.

“Antiguo oficio humano
Este de querer apagar la luz”.
Giconda Belli.
Sin
el menor oficio queda una por ahí esparcida
no
concluye nada… un atisbo inútil que inmuta
tras
su espalda las alas se izan, sitiada de fuego absoluto
en
algún remoto instante, se levanta y huye
se
va desnuda de sol a la luna vestida de luna
a
la tierra y de la tierra al cielo ya sin piel… incolora.
Se
concentra en los ojos que la ven de cerca
camina
olorosa a impudicia y todos notan sus destellos
ve
a todos mirarla suspicaz, libre de sospechas
Ella
no camina, sórdida sobrevuela las aceras
espera
que caiga el agua de la ducha
tan
natural como la lluvia olvida girar la llave,
olvida
llevar las toallas y enjabona su cuerpo
con
las manos del deseo
ella
vuelve a la cama a impregnarse de sabanas
de
almohadas y de ensueño
mira
nuevamente al cielo traspasa los techos
descubre
que ha estado tocando la extensión inmortal
con
la punta de sus dedos, se ha quedado gira luna
A
través del tiempo, Nace, muere, vive…
Nace
y navega por el infinito mar congelado
Más
allá de la vida,
va
a gatas,…y cabalga.
Ana
Mendoza
“En qué piensa una mujer que recién ha hecho el amor”
Víctor Valera Mora
Después del oficio puro
una mujer se viste de seda blanca
se tiende boca arriba
exhala largamente
y añade la nada a su cabeza
Ha mirado las estrellas en el techo
sueña paisajes lejanos
tropieza con un trozo de canción
y mira las hojas de los árboles
como aves que vuelan
encendidas de crepúsculo
Olvida el reloj
los aretes
la pintura carmín de sus labios
la ropa que se ha quitado
y la que era antes de la tarde
el agua en calma
la mano sorda
el universo infinito
claroscuros rincones
humo de cigarro
Cuerpo preciso
que deja en la hora
del santo y seña
el sabor de nube
Vuela
aunque ya no tiene cuerpo
para tanto
Ingrid Chicote